viernes, 1 de mayo de 2009

CREO EN LA LEY QUE DICE LA CONSTITUCION NACIONAL


   
Creo en la ley que dice la constitución. Creo en el régimen republicano no hay poderes soberanos, pues soberano es solo el derecho, interpretado por los tribunales; creo que la propia soberanía popular necesita de limites y que esos limites son sus instituciones por ellas mismas creadas, en sus horas de inspiración jurídica, en garantía contra sus impulsos de pasión desordenada; creo que la república decae porque se deja viciar, confiándose en los usurpadores de las fuerzas; creo que la federación perecerá si continua no acatando la justicia, porque de la justicia nace la confianza, de la confianza la tranquilidad, de la tranquilidad el trabajo, del trabajo la producción, de la producción el crédito, del crédito la opulencia, de la opulencia el respeto. Creo en el gobierno del pueblo por el pueblo. Creo en la tribuna sin furia y en la prensa sin restricciones. Repudio las doctrinas de arbitrio. Condeno las dictaduras de todo género, militares o científicas, coronadas o populares. Detesto los estados de sitio, las suspensiones de garantías, las razones de Estados, las leyes de salvación pública. Odio las combinaciones hipócritas del absolutismo disimulado bajo forma democrática y republicana. Me opongo a los gobiernos de secta, a los gobiernos de facción, a los gobiernos de ignorancia, porque un gobierno ignorante llevaría a su pueblo a caminar en cuatro patas, y hace ya mucho tiempo que caminamos erguidos, un pueblo educado sentirá orgullo de sus gobernantes y lo acompañara en todo.
El hombre común es el ciudadano conciente, materia prima de la nación que, rico o pobre, sabio o ignorante tiene una clara conciencia del privilegio de ser un hombre capaz de ser libre, de ser depositario de la soberanía espiritual y de conocer el bien y el mal, como un titulo habilitante, para ser dirigente o dirigido, para ser rector u obrero en el engranaje de la vida social.
Todos los medios son buenos cuando son eficientes y pueden ser honestamente empleados, cuando pueden ser públicamente confesados; pues sólo la deslealtad, la cobardía o el delito necesitan esconderse.
El requisito fundamental del progreso es la libertad: la libertad de investigación, de pensamiento, de empresa. Al hombre todo les posible. La oportunidad es la varilla virtuosa que cambia lo inútil en útil, los desperdicios en materia prima valiosísima, los recursos agotables en riqueza inagotable. Es la llave que abre el mayor de todos los almacenes de energías, la poderosa inteligencia humana, porque el ser humano es el único que de un basural hace, un hermoso jardín y de un transparente lago una cloaca.
Se entiende por derecho naturales; el derecho a la vida en particular y a la libertad, a la propiedad conseguida por el trabajo; los gobiernos democráticos existen para proteger esos derechos, y si no estan
Preparados para cumplir con tan magna misión, puede ser relegado (Alfonsin y De la Rua), ya que fue este pueblo que por medio de los votos los puso en ese lugar de privilegio.
No basta crecer en riquezas, proveer de productos al mundo, ser el granero universal, cubrir los campos con infinidades de cabezas de ganado, entrar con orgullo en los mercados monetarios, contar con el seguro crédito entre banqueros de la tierra, no; no basta si al mismo tiempo no se tiene esa confianza que nace del pueblo que les dio ese poder, de la lealtad, de la esperanza, de seriedad en la práctica de las instituciones que se proclamen defensoras de la libertad que se declaren, en el respeto a las normas del gobierno que se escogen, pero en concordancia con su pueblo.
La primera cualidad del jefe es la de ser reconocido como tal. Todo jefe discutido es un jefe débil; en un país profundamente dividido, puede ocurrir que el jefe elegido no represente más que un poco más de los electores y que a la otra mitad inspire una repulsión que se asemeje al odio para el estado, en ciertos casos desesperados, cuando el Estado se descompone y se debilita, nadie elige el jefe, es el quien se impone. Es evidente que tal jefe, que no tiene su poder más que por la fuerza, tenga casi siempre cualidades de jefe; queda por ver si sus virtudes son solamente las de un jefe de unos partidarios o si es capaz de elevarse a la de jefe de una nación.
Al hablar de política no podemos dejar de recordar a nuestro conductor y creador de la doctrina peronista
Decía Perón: Dentro de la formación de esos cuadros, viene un capitulo que es de suma importancia; el de capacitar la conducción, en los movimientos de hombres, en los movimientos colectivos, siempre la función más difícil es la de conductor.

Por eso no existen muchos conductores en el mundo y muchas colectividades carecen de hombres que sepan y las puedan conducir, porque la conducción es un arte y los artistas no se forman desgraciadamente en las escuelas, las escuelas dan técnicos, pero no dan artistas, por esa razón nosotros no decimos que puede ser función de la escuela el formar conductores, porque los conductores no se hacen, los conductores nacen, y aquel que no haya nacido sólo puede acercarse al conductor por el método. El que nace con suficiente óleo sagrado de Samuel no necesita mucho para conducir; pero el que no nace con el puede llegar a la misma altura por el trabajo.


 JULIO J. HOFFMANN

Presidente.

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